Monday, March 05, 2007

El negocio de la pobreza

En México existen millones de pobres, pero no solo eso, las brechas que dividen a ricos y pobres se expanden cada vez más, a mi me parece increíble que los escalones de la jerarquía social no solo sean tan marcados sino profundamente abruptos. En León, por ejemplo existe un boulevard que prácticamente secciona dos niveles socioeconómicos completamente distintos, basta con situarse en una de las colonias más acaudaladas de la ciudad y con solo cruzar el mismo, encontraremos niveles desgarradores de inequidad e injusticia social.
A pesar de ello, no existe un mercado tan más netamente predecible como el de la pobreza, que bien pudiéramos estratificarlo como niveles C1, C2 y C3, siendo este último el más cruel a los niveles de puridad capitalista, sin embargo los dos primeros bien pueden representar el punto del vigía empresarial no solo para lucrar con dicho mercado, sino para satisfacer sus necesidades y cerrar así un ciclo económico de apoyo mutuo.
No es malo lucrar con la pobreza, culturalmente se ha designado ese término a la lástima o miseria por antonomasia de los individuos que la conforman, es más, puedo afirmar con toda mi palabra que muchos de los pobres de México lo son, simplemente porque desean serlo, son las víctimas incesantes de un guión de subcultura que los encierra y ciega ante la infinita gama de posibilidades que bien pueden abrírseles a ellos mismos, si así lo quisieran, que decir, vivimos en un régimen capitalista, y aunque debatir las causas y soluciones de la pobreza, creo yo, es uno de los mayores problemas que enfrenta la economía moderna, y al que descubra el secreto para diseminarla por completo del globo, mereciera todas las preseas que pudieran otorgársele a hombre alguno jamás, no puedo yo atreverme a relacionar la solución a tan apremiante problema.
El objetivo primordial del libre mercado es la satisfacción de las necesidades humanas, en base a ello, podemos inferir que los pobres representan la necesidad misma de las desigualdades económicas, es decir son el mercado de la necesidad por excelencia.
Los pobres son eminentemente predecibles, más que ningún otro grupo subcultural, claro está entendiendo a los entes sociales como signos, y desproporcionarles lo fluctuante de su estructura nos llevaría a la estabilidad y constancia del mismo, esto como parte de la semiótica aplicada al mercado. Que decir, para lograr el éxito en la pobreza, debemos crear una estrategia que signifique el vínculo a la satisfacción misma de sus más puras necesidades, mediante el reflejo de asociación bien pudiéramos llevar al significante en relación con sus carencias, esa sería el mayor augurio del éxito aplicado en dicho mercado.
A mi juicio, la economía mexicana se encuentra saturada al mercado de la clase media y la clase alta es simplemente derrochadora y malinchista, la distribución de las renuentes utilidades es demasiado injusta, la globalización ha mermado la creación de nuevas empresas que puedan augurar un éxito o al menos una disminución en las probabilidades del fracaso empresarial. A final de cuentas el margen de utilidad puede ser siempre mayor en base a los volúmenes de venta que puedan manejarse y por deducción lógica representa bajísimos costos de operación y una verosímil respuesta alusiva a la saciedad de una satisfacción, cerrando el ciclo mismo del mercado capitalista.
¿Como podemos relacionar dicha vinculación a la par de un significado al signo de la pobreza?, Entendiendo al mercado como un signo, la necesidad como el significante y la satisfacción de dicha necesidad como el significado, podría esquematizarlo de la siguiente manera:

Mercado (signo): Significante (necesidad) ßà Significado (satisfacción de la misma)

El papel del empresario consiste en deducir dichas asociaciones y vincularlas, de manera que mientas más arraigado permanezca un concepto, una asociación o una referencia al signo, mayores serán los márgenes de utilidad para el capitalista y la satisfacción del mercado habrá sido saciada.
Como orientar los principios de la semiótica a la satisfacción de las necesidades humanas, en este caso la pobreza?
El manejo de los signos debe ser en el empresario, un acto no solo de principios básicos sino de diestra manipulación, ni el capitalismo ni el mundo aceptan argumentaciones tácitas sin fundamentos lógicos, el significado de la estrategia debe basarse en el arraigo sublime, en la persuasión comunicativa entre personas, entre iguales, entre ellos mismos, si queremos entender la pobreza como un signo NO PODEMOS atribuirle arbitrariedades a su misma relación, simplemente es absurdo y el resultado sería la significación de la nada.
Como podemos modificar al signo del mercado su propiedad de fluctuación?
Esto es sencillo, basta con arraigar un concepto, complementar una estrategia constante, NUNCA fluctuante, a pesar de que no podemos mantener a los signos estables por mucho tiempo, podemos encausarlos hacia su evolución misma, repito, evolución, siempre vinculada con la premisa original, solo este principio no será aplicable cuando quisiéramos cambiar completamente el significado al signo del mercado, en este caso cambiaría absolutamente todo el concepto que habríamos establecido; una red de vinculaciones que comenzarían en la nada.
Como establecer una estrategia certera que realmente signifique éxito al mercado de la pobreza?
El éxito es un signo, y en economía su fluctuación es demasiado marcada, demasiado, la clave de todo yace en la vinculación al signo, solo en eso, mientras mayor sea la fuerza del vínculo, mayores serán las probabilidades de éxito.
Los signos son predecibles, así mismo lo son las masas y los mercados, aún así son fluctuantes, los grandes capitalistas manejan diestramente los significantes y los significados, sin embargo han cometido el gravísimo error de hacer evidentes los mismos, un error al poder encausar significados contradictorios, si el signo no corresponde con la vinculación a la persona, la estrategia habrá sido un fracaso y todo habrá sido un gasto improductivo. Finísimo tacto es requerido, finísimo tacto.

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